Memorias de una Andariega I

Desperté con el sonido de las olas azotando sus crespas en la arena.  “Un día más”, pensé.  Mi vieja brújula estaba rota desde algunos meses atrás y realmente me tenía inquieta seguir estancada en la misma posición. 

Me senté a la mesa e intentaba acercar a mis labios desteñidos un poco de café.  Quizá ese calor del instantáneo, podría hacerme calentar el hielo que cargaba mi alma, tiempo ha.

Una pregunta no cesaba de amartillar mi razón:

“¿Dónde estoy?”

Dejé el café a medias y me envolví en un suéter avinagrado; como quiera que sea, el fresco matutino erizaba mis poros sin compasión.

Me lancé a una caminata por la playa bordeada de espuma del mar. Sentir cómo mis pies descalzos se hundían en la arena fría incrementaba mi sensación de frialdad.  De algún modo buscaba que, lo natural me desconcentrara de lo cargaba en mi interior.

….tan sólo unos instantes.

Pronto descubrí que me había alejado demasiado de mi refugio, inmersa en mis pesares.  El sol comenzaba a calentar y ya no necesitaba traer puesto el suéter.  Lo quité y amarré a mi cintura.  Llegué a un punto en donde fue sorprendente ver que por un lado, el mar se avisoraba inmenso y por el otro, un desierto comenzaba robándose la vida, atragantándose las fauces del sonido … dejando sólo silencio.

No sé dónde estaba, ni sé por qué estaba así el panorama.  Sólo veía caminos.. muchos… insondables o aparentemente agradables; pero todos inciertos.  Largos que serpenteaban hasta perderse de vista; cortos que se apelmazaban contra varios, y finalmente no se entendía ni dónde empezaban ni dónde terminaban.

Disyuntivas… pensé.

Estaba sola, sin brújula, sin claridad, con un suéter viejo amarrado a mi cintura, descalza y con la sensación del hielo en mi interior rugiendo… ¿alguien podría tomar una decisión en esas circunstancias?

Caí de bruces, mientras mis dedos se hundían en la arena y lengüetadas del mar acariciaban mi pie.  “¿Dónde estoy?”  No sé cuánto tiempo estuve ahí, el tiempo era tan relativo en ese punto.

Una sombra cubrió mi rostro.  Al voltear el brillo del sol y la rapidez de mi sorpresiva visita me encandiló.  Me levanté y vi a un hombre diferente a la mayoría.  Tiernamente me sonrió y me preguntó : ¿en dónde estabas?

No podía decir una sola palabra.   En realidad yo no conocía a ese hombre, pero en mi interior algo se quebró con su pregunta.   Después de un rato en silencio, estáticos, regresé mi mirada al mar y musité:  No sé cuál es el camino.  Veo tantos y todos me aterran.  Mi brújula está rota y yo… comencé a llorar.

El me dijo: Lo sé.  Por eso, cada vez que no encuentras el camino, es entonces cuando Yo salgo a buscarte.  Yo soy el Camino.

La Andariega es un personaje que vive en mi y que vive experiencias tan hermosas que las considero dignas de ser contadas.

Deseando que mis pesares y aflicciones algún día reciban el alivio.  Con amor Regiomont4na

Anuncios

2 comentarios en “Memorias de una Andariega I

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s