Vivir(te)

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Escribir de ti es vivirte.
Pensar en ti es llevarte dentro de mi corazón, abrazado [abrasado].

Dios pone a la persona que necesitas para continuar el camino y el destino que tienes que cumplir.

La crea.
La cuida.
La hace aparecer cuando menos crees que podría existir, [cuando menos crees que podrías ser digno de vivir algo tan mágico].

Tal vez ahora piensas que esto no es real, que no es verdad. Pero sí lo es. Yo también estuve detrás del monitor leyendo a otra gente que lo afirmaba. También dije “no es para mi”. Se tiene que aprender a esperar por la persona correcta. (En ti, oh Dios, puse todas mis esperanzas, mis anhelos y como siempre, no me defraudaste. Danos la guianza para que este amor sea fructífero y de bendición para otros).

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Yo Perdono

Romperé las cadenas, pronto.

Regiomont4na

“YO PERDONO”

Las lágrimas que derramé, yo perdono.
El sufrimiento y las decepciones, yo perdono.
Las traiciones y mentiras, yo perdono.
Las calumnias y las intrigas, yo perdono.
El odio y la persecución, yo perdono.
Los golpes que me dieron, yo perdono.
Los sueños rotos, yo perdono.
Las esperanzas muertas, yo perdono.
El desamor y la envidia, yo perdono.
La indiferencia y la mala voluntad, yo perdono.
La injusticia en el nombre de la justicia, yo perdono.
La ira y el maltrato, yo perdono.
El abandono y el olvido, yo perdono.
El mundo con toda su maldad, yo perdono.

La pena y el resentimiento, los sustituyo con comprensión y entendimiento.
El dolor lo sustituyo con olvido.
La venganza, la sustituyo con victoria.

Seré capaz de amar por encima del desamor.
Dar incluso cuando estoy despojada de todo.
Trabajar feliz incluso cuando estoy en medio de todos los obstáculos.
Secar las lágrimas, incluso cuando aún estoy llorando.
Creer incluso cuando estoy desacreditada.

 

Tomado del Blog:

Paulo Coelho’s Blog

http://paulocoelhoblog.com/2010/12/01/el-perdon-oleph/

Testimonio

 

 

No puedo más que expresar y no podría dejar de hacerlo:  Cuán grande es Dios.

Lo siguiente que voy a compartirles es la experiencia que como familia vivimos el día de ayer 30 de enero de 2011.

Mi hermano sufrió un infarto fulminante.

Las cosas que he de contarles, mayormente fueron presenciadas por mi y otras tantas, por miembros de mi familia, que estuvieron en el momento de cada situación.

 EL INCIO

Esta parte no la presencié yo, así que, en caso de que haya una precisión, iré transformando el párrafo para que sea lo más apegado posible a los hechos:

 “Alrededor de las 10:30 a.m., mi hermano después de terminar la alabanza en la iglesia, llegó a la planta baja con la intención de tomar un refresco, pues se sintió mal.  En un instante, le dio un síncope que lo hizo caer al piso semi-inconsciente y quejándose de un dolor en el pecho muy fuerte.  Algunos médicos que forman parte de la congregación, hicieron acto de presencia para revisarlo, mientras tanto, se le dio aviso a mi cuñada y pocos minutos a mi, sobre esta situación”.

 A partir de aquí, es lo que yo presencié:

Cuando llegué y vi la escena, me dio muchísima tristeza.  Veía por un lado la aprehensión de los médicos y su angustia.  Yo me la pasé expectante para lo que se requiriera, si alguna llamada o algún movimiento.  Sabía que había más gente a mi alrededor, pero no captaba en este momento quiénes eran.  Mi único enfoque era el cuerpo tendido de mi hermano, su voz muy apagada musitando algo y la prisa de todos por quitarle la corbata y desabrocharle la camisa para que pudiera respirar mejor.  En segundos, averigüé que ya habían llamado a la ambulancia y que irían a internarlo a un hospital de la localidad.

Mi cuñada, estaba hablándole, asustada y clamando a Dios por la vida de mi hermano, mientras los médicos seguían intentando encontrarle pulso, revisándole la presión e intentando que mi hermano no perdiera la conciencia.

 EL TRASLADO AL HOSPITAL

 Después de que llegaran los paramédicos, el tiempo se volvió más lento, pues la urgencia que todos teníamos porque ya fuera internado, se vio por momentos obstaculizada por el protocolo de volver a revisar los signos vitales.  Damos gracias a Dios por los paramédicos que lo atendieron y que a pesar de la tardanza, hicieron lo que Dios quería en mi hermano.

Lo que a continuación relataré, no lo presencié, sino que después mi cuñada lo comentaba en la sala de espera de terapia intensiva:

“La ambulancia iba algo despacio manejando –suponemos- con precaución.  En un punto del camino el avance del vehículo fue obstaculizado una vez más por el paso del tren.  Tuvieron que tomar calles en sentido contrario hasta llegar a una salida fuera del paso del tren y que les dejara libre la vía al hospital”. 

LLEGANDO A URGENCIAS

 “Al llegar a urgencias, mi cuñada inmediatamente acudió con la persona encargada para que le consiguiera un cardiólogo.  A lo que le contestaron que “se acababa de ir”.  Entonces, buscaron a uno que pudiera regresar.  En lo que mi cuñada voltea, ve que está entrando ¡el cardiólogo de mi mamá!

En cuanto lo vio, le informó que mi hermano estaba a punto de ser internado y las cosas fluyeron con tal vertiginosidad que, simplemente hemos concluido que la mano de Dios estaba obrando poderosamente”.

Tanto el hecho de que el cardiólogo estuviera en un hospital, cuando siempre lo buscábamos en otro, como el hecho de que saliera en el momento preciso de su conferencia, para que mi cuñada pudiera verlo en Urgencias; como el hecho de que la intervención que necesitaba mi hermano en ese instante se llevara  a cabo en minutos, pues, curiosamente, el equipo y el personal estaba ya reunido, aparentemente sin que nadie lo hubiera solicitado con anterioridad.  ¿Casualidades?  No, éste mis amigos, es el PODER DE DIOS.

Después del cateterismo al que mi hermano fue sometido y a la operación para ponerle un marcapasos, el tiempo transcurrió hasta el momento que, mi madre y yo llegábamos al hospital.

LA NOTICIA

Nuestro dolor se magnificó cuando nos dijo el cardiólogo que mi hermano había sufrido un infarto fulminante.  Comentaba que el daño que sufrió en el tejido de su corazón fue mucho y que definitivamente, Dios lo había vuelto a la vida, pues mi hermano no tenía pulso cuando lo empezó a atender.  Nos esperan varios días en los que mi hermano estará en terapia intensiva, evaluándose  su situación para ver si puede pasar el tiempo que denominan como “crítico” en su posible recuperación.

Entre muchas cosas, mencionó el cardiólogo que no podía explicarse cómo un infarto tan fuerte, que hizo tanto daño, fue sobrepasado por la medicina y que, a pesar de la edad y de los índices de mortalidad, mi hermano sobrevivió.

En nuestro corazón, sabemos la respuesta:  Dios es Soberano.

 NUESTRA ESPERANZA

Nuestra vida le pertenece a Dios, pues El nos las dio y El tiene predeterminado nuestro tiempo.  Mientras pasan estos minutos en los que escribo esta experiencia, el poder de Dios sigue manifestándose a nosotros trayéndonos paz inexplicable, en medio de esta aflicción tan grande.  Estamos y sentimos el poder de Dios a cada momento de esta experiencia.  Confiamos en Su amor, tan grande y sea lo que venga en los futuros días, nuestra fe se está fortaleciendo en el conocimiento de Su grandeza.

 Hoy más que nunca, quiero compartirte este testimonio personal, con el fin de que, cuando leas, creas que Dios es más grande que tus problemas y que todas tus angustias.  Que El siempre tiene el control de todo y a pesar, de que estemos en problemas o situaciones difíciles, el caminar a Su lado, hace que todo temor y angustia se esfume y entonces, un indescriptible gozo surja en el corazón, donde no importa lo que pase, lo único que podrás desear es decirle:  Gracias Padre, porque eres Bueno y porque para siempre es Tu misericordia.

Gracias a todos quiénes estuvieron al pendiente, por sus oraciones.

Créanme que, aunque estábamos en un serio aprieto, la oración que hicieron nos envolvió suavemente y pudimos descansar en nuestro Señor Jesús.

Seguiré informándoles, y testificándoles de las grandezas de Dios, siempre.

Vasijas rotas

Estaba viendo en la web imágenes, cuando de pronto me aparecieron unas de cristales rotos. ¡Qué feo se ve!

Pero más feo se siente estar quebrado por dentro.

Me imaginé que todos los seres humanos fuésemos vasijas de cerámica o de barro.  Aparentemente muy resistentes, pero no.  Podemos tener fisuras o grietas.  También podemos causarnos grietas unos a otros.

Cada uno lleva en su interior la cuenta de sus grietas, de su dolor.  También, cada uno lleva en su interior la cuenta de quiénes han “agrietado” con sus modos, hechos y palabras.

Cuando quebramos una vasija que amamos, nos duele.  Intentamos repararla con un poco de resistol y cuando finalmente se seca,  sigue la grieta intacta.

Cuando lastimamos o somos lastimados, nos duele.  Intentamos reparar el daño con un “lo siento”, “perdóname”; pero la herida no siempre sana así.

Yo confieso que aún tengo rencores que no han sanado.  Lo noto porque  llevo la cuenta de quiénes me han herido.  Unos sin querer, otros, tristemente queriéndolo hacer con todo propósito.

Me enfrento a sus “lo siento”….  y no puedo responder.

¿Te ha pasado?

Vasijas lastimadas, tenemos una solución:  Dios sanando y restaurando nuestro interior.

Dejémos que El sea quien “en Su tiempo” haga lo necesario para volvernos nuevas vasijas.

Poema IV

 

 Deshójame los labios a cuenta gotas,

Descúbreme el sentimiento,

envuelto en cada cotidianidad.

Mis besos son margaritas,

van cayendo presos de tus deseos,

de tus ilusiones recién nacidas.

Deshójame los labios despacio,

No hay más tiempo que nos rija

Sólo  la eternidad…

La eternidad de un beso compartido

Es augurio de que sí existe el destino.

Por: Regiomont4na

Spaguetti para dos

Finalmente, el último relato de los náufragos recuperados [ 3/3]

Diciembre 11, 2007

Desde que era niña siempre me gustó leer y escuchar historias.  Mis padres me compraban colecciones enteras de libros de los cuentos más famosillos e incluso, tuve toda una colección de  Discos LP’s  con todas las historias de Walt Disney, El grillito Cri-Cri, El duende Bubulín, etc.

(Ahora con los DVD’s y tantas cosas de buena tecnología, me pongo a pensar cómo hubiera sido mi infancia).

Estos días que mi mamá convalece de su enfermedad, pues me ha tocado entrarle a todo con gran entusiasmo pero poca experiencia.

 Afortunadamente para mí y para ella, he salido buena para cocinar.  JAJAJA ¡son fuertes declaraciones!

 Hace poco intenté preparar un spaguetti al estilo Alfredo con champiñones y queso y pues ¿qué creen? Sí me quedó rico.  Mi mamá me lo pide muy seguido (señal inequívoca que no se empachó ni le disgustó).

No sé, como que preparar comida y encargarme de las cosas del hogar, me ha abierto un panorama nuevo, que como chava soltera no había descubierto. 

Cuando era niña, una de mis historias favoritas era la de “La Dama y el Vagabundo” (Lady and the Tramp 1955).  La escena que me gustaba entre muchas, es la que puse en este post.  Y me hace reír ahora el recordar lo que pensaba en ese entonces.  Yo decía que se comían el spaghetti rápido porque uno le quería ganar al otro y comer más.   Jajaja.  

sff

¿Quién lo hubiera dicho? La escena del spaghetti después de varios años ha tomado otro significado para mí. 

El hecho de compartir tu vida con la persona indicada, la persona idónea. 

 No quiero conocer al príncipe encantado, quiero conocer  a ese “vagabundo”.   Aquél que puede enseñarme que la vida tiene maneras de verse y saborearse muy distinto, formas y maneras tan inocentes y tan divertidas como las que una “dama” ya conoce.

[Nota en el 2010  ¡Quién lo diría! Unos meses después de escribir ese post, llegó a mi inesperadamente el amor].

Regiomont4na

14 de Febrero

Este post va dedicado a todo mundo:

A los que celebran el amor enfermizo o_O

A los que se conforman con poco.

A los que ya no quieren saber nada del amor.

A los que el amor les parece un sentimiento desechable.

Pero especialmente, a aquéllos que encontraron el amor verdadero, la amistad genuina, la paz.

¡Feliz Día!  …. bueh… cada quien a su manera :s

@Regiomont4na