Alegrémonos

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“¿Por qué te abates, oh alma mía y te turbas dentro de mi? Espera en Dios que aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío” Salmos 42:5

El ser humano es parte del universo y comparte con los seres vivos muchas similitudes y prácticas; sin embargo, tiene sobre ellos una ventaja: posee un alma.

Como seres humanos íntegros, nos conforma el tener cuerpo, espíritu y alma.  A cada uno de ellos debemos cuidar, nutrir y mantener en el mejor y óptimo desempeño.

Nos pasamos la vida investigando cuál alimento, o ejercicio, o vitamínico nos permitiría tener una mejor calidad de vida y de ser posible, nos aleje de enfermedades hereditarias, crónicas e irreversibles; algunas veces lo hacemos empujados por herencias de salud familiar, y en caso contrario, por la propia falta de cuidado que tuvimos ya en nuestro organismo y nos generó una afectación en la salud.

Pero, quizá no mantenemos el mismo vigor y esfuerzo de solucionar problemas cuando se trata de las otras divisiones que nos conforman, de lo no palpable, de lo interno, del espíritu y el alma.

Nuestra relación es diferente cuando se trata del alma, esa etérea zona que yace en algún punto dentro de nosotros, dónde se arremolinan todas las emociones, todos los sueños, todas las metas que como seres humanos nos forjamos e idealizamos y ¿por qué no?, ya las disfrutamos por causa de las que sí hemos alcanzado.

Sin embargo, también el alma se llena de sentimientos negativos, como ira, tristezas profundas, desánimo, amargura, y es dónde nos conviene poner el enfoque, (así como cuando analizamos qué dieta, ejercicio o vitamínico nos hace falta), para evitarnos llegar a actitudes que nos dañan y formas de ver la vida en una manera trágica o sin sentido.

El alma se alegra, el alma se entristece también.  El alma tiende a tener un vaivén, colgada de las emociones que experimentamos.  Como puede estar alegre, también un vuelco la abate y la deja por los suelos.

El alma es como un globo que se hace ligero o pesado conforme lo que usemos para irlo llenando; si le ponemos agua, caerá estrepitosamente; si le ponemos aire, caerá con gracia; si le ponemos helio, volará hasta las nubes hasta que ya no exista un punto desde tierra donde fácilmente logremos ver su ubicación.

La forma de ver el mundo, -que incluye cada lugar donde nos mantenemos,  incluso hasta el trabajo-, depende mucho de nosotros.

 

No nos olvidemos de nosotros mismos, dejemos que nuestra alma se fortalezca, alimentándola de actitudes positivas, combatiendo aquéllas negativas.  Aprendamos a sorprendernos en la gratitud, y el recordar más rápido las bendiciones que ya poseemos que las cosas que aún nos hacen falta.

Una historia de vida y no de muerte

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Una historia de vida y no de muerte, aún cuando pensábamos que fuera imposible.

Esa fue la declaración de toda nuestra familia al final de una nueva prueba por la que pasamos.

Fue tan grande y estrujante, que aunque ya pasó casi un año, apenas puedo compartirles un poco más lo que vivimos en esos meses.

Mi hermano sufrió un infarto cerebral llamado “isquemia cerebral”, el 16 de octubre del 2012.

Cuando recibimos la llamada para avisarnos casi a la medianoche, el corazón nos dio un vuelco.

Rápidamente, nos enfundamos en la primera ropa que pudimos y nos fuimos –literalmente- a pie a la clínica en donde estaba internado en cuidados intensivos.

Todo estaba bien ese día.  La situación comenzó cerca de las 21:00 hrs, después de haber platicado con él vía telefónica.  Empezó a sentir que su brazo le hormigueaba y lo primero que pensaron era la posibilidad de un segundo infarto al corazón.  Hasta que llegando al hospital, se confirmó lo que realmente le estaba sucediendo.

En la espera del hospital pasamos horas y días muy difíciles.  Aunque siempre la compañía de los amigos sinceros nos cobijaba, realmente el suelo se nos movió como nunca.  Mi mente se la pasaba hablando con Dios, pidiéndole fuerza para mi familia y para mí misma.

Intentaba no caer en el espiral sin fondo de la desesperación.

No quisiera perder el tiempo ni el espacio en este post  enfocándome solo en síntomas y detalles médicos, temores y desazón que no pesan tanto como lo que realmente fue importante: ver la mano de Dios en su vida NUEVAMENTE.

Como lo había compartido en mi post, esta vez, ¡una vez más!, Dios lo libró de una muerte segura y lo libró de secuelas que lo imposibilitaran de por vida.

De no poder caminar ni mover sus pies ni valerse por sí mismo, ni siquiera para vestirse, mi hermano tuvo una recuperación asombrosa en poco tiempo.

Un mes después del evento, en  noviembre precisamente, se encontraba muy  recuperado.  Recuerdo que le di muchas gracias a Dios la noche en la que, entre risas, alabanzas a Dios y sobre la cama en la cual él pasaba dolores físicos muy fuertes,  estuvimos jugando con las cartas del “UNO”, como si nada hubiere sucedido. Si cualquiera que no conociera la situación nos hubiera visto, no hubiera sospechado jamás la verdad de la situación médica que estábamos enfrentando.

Para diciembre de ese mismo año, mi hermano recuperó su condición casi al 100%, hasta podía manejar su auto y regresó a trabajar con normalidad.

Tenemos un Dios bueno y misericordioso.  Un Dios que está atento a nuestras oraciones y que busca por todos los medios redimirnos y que le conozcamos.  Estoy convencida que a pesar de esta prueba y todas las subsecuentes, y aun más, todas las que vinieren en estos tiempos, Dios ama mucho a mi hermano.  Sin comprender en su cabalidad Su plan, por ser tan alto, mi única petición es la de llegar a ser conforme a Su corazón y confiar como un niño en Sus promesas.

Saludos de Regiomont4na

Yo Perdono

Romperé las cadenas, pronto.

Regiomont4na

“YO PERDONO”

Las lágrimas que derramé, yo perdono.
El sufrimiento y las decepciones, yo perdono.
Las traiciones y mentiras, yo perdono.
Las calumnias y las intrigas, yo perdono.
El odio y la persecución, yo perdono.
Los golpes que me dieron, yo perdono.
Los sueños rotos, yo perdono.
Las esperanzas muertas, yo perdono.
El desamor y la envidia, yo perdono.
La indiferencia y la mala voluntad, yo perdono.
La injusticia en el nombre de la justicia, yo perdono.
La ira y el maltrato, yo perdono.
El abandono y el olvido, yo perdono.
El mundo con toda su maldad, yo perdono.

La pena y el resentimiento, los sustituyo con comprensión y entendimiento.
El dolor lo sustituyo con olvido.
La venganza, la sustituyo con victoria.

Seré capaz de amar por encima del desamor.
Dar incluso cuando estoy despojada de todo.
Trabajar feliz incluso cuando estoy en medio de todos los obstáculos.
Secar las lágrimas, incluso cuando aún estoy llorando.
Creer incluso cuando estoy desacreditada.

 

Tomado del Blog:

Paulo Coelho’s Blog

http://paulocoelhoblog.com/2010/12/01/el-perdon-oleph/

¿Maduré?

Fui débil muchas veces, las tentaciones me vencieron, un día reaccioné y vi que no estaba en el camino feliz. ¿Maduré?

Tuve amores malos, dañosos, cerré mi corazón al amor un tiempo, pero me asomé y me atraparon. ¿Maduré?

 

Ya tuve amigos falsos, convenencieros y traidores , pero no me volví como ellos. ¿Maduré?

 

Ya supe que es el abandono y creí que no pasaría de nuevo. Y me equivoqué, pero no lloraré. ¿Maduré?

 
Ya aprendí que la vida cambia al ritmo de las actualizaciones del Adobe Flash Player. ¿Maduré?

 
Ya aprendí a batear y ser bateada. Ya aprendí a no llorar cuando las cosas no suceden como esperabas. ¿Maduré?

Pensamientos Aglomerados

Ya tenía rato de no estar aventando unos bits por aquí, pero créanme que no es por falta de “material” …. sencillamente hago pausas para acomodar los sentimientos y las palabras en mi mente.  A ratos, me siento como esos compositores, que escriben sus canciones, y después de años, las pueden plasmar en un CD de música.

Nunca he subestimado el poder de la palabra.

Con ella vivificas o matas.  Si lo entendieran las naciones, probablmente se ahorrarían millonadas dejando de comprar armamento.

Bien, tendré que acomodar las palabras, para no dejar salir misiles, que estallen y dejen huella difícil de borrar.

Pero, no todo es negro.  También hay muchas cosas buenas qué decir.  La luz de Dios erradica todos los pensamientos negativos, y convierte todas las tristezas en aprendizajes para la vida…. la vida, tan corta.

Días y días

Esta frase me la mandaron y me llegó mucho, se las comparto con todo el corazón:

“Días llenos de decisiones.  Días de glorias, de buenas y malas noticias. Días que me demuestran que nada esta seguro y que todo puede cambiar en un segundo.

Días de sueños, sonrisas, lágrimas y amigos.

Pero sobre todo, días dónde no he dejado de ver ni un segundo Tu respaldo, mi Dios…”

Besitos

Regiomont4na

Testimonio

 

 

No puedo más que expresar y no podría dejar de hacerlo:  Cuán grande es Dios.

Lo siguiente que voy a compartirles es la experiencia que como familia vivimos el día de ayer 30 de enero de 2011.

Mi hermano sufrió un infarto fulminante.

Las cosas que he de contarles, mayormente fueron presenciadas por mi y otras tantas, por miembros de mi familia, que estuvieron en el momento de cada situación.

 EL INCIO

Esta parte no la presencié yo, así que, en caso de que haya una precisión, iré transformando el párrafo para que sea lo más apegado posible a los hechos:

 “Alrededor de las 10:30 a.m., mi hermano después de terminar la alabanza en la iglesia, llegó a la planta baja con la intención de tomar un refresco, pues se sintió mal.  En un instante, le dio un síncope que lo hizo caer al piso semi-inconsciente y quejándose de un dolor en el pecho muy fuerte.  Algunos médicos que forman parte de la congregación, hicieron acto de presencia para revisarlo, mientras tanto, se le dio aviso a mi cuñada y pocos minutos a mi, sobre esta situación”.

 A partir de aquí, es lo que yo presencié:

Cuando llegué y vi la escena, me dio muchísima tristeza.  Veía por un lado la aprehensión de los médicos y su angustia.  Yo me la pasé expectante para lo que se requiriera, si alguna llamada o algún movimiento.  Sabía que había más gente a mi alrededor, pero no captaba en este momento quiénes eran.  Mi único enfoque era el cuerpo tendido de mi hermano, su voz muy apagada musitando algo y la prisa de todos por quitarle la corbata y desabrocharle la camisa para que pudiera respirar mejor.  En segundos, averigüé que ya habían llamado a la ambulancia y que irían a internarlo a un hospital de la localidad.

Mi cuñada, estaba hablándole, asustada y clamando a Dios por la vida de mi hermano, mientras los médicos seguían intentando encontrarle pulso, revisándole la presión e intentando que mi hermano no perdiera la conciencia.

 EL TRASLADO AL HOSPITAL

 Después de que llegaran los paramédicos, el tiempo se volvió más lento, pues la urgencia que todos teníamos porque ya fuera internado, se vio por momentos obstaculizada por el protocolo de volver a revisar los signos vitales.  Damos gracias a Dios por los paramédicos que lo atendieron y que a pesar de la tardanza, hicieron lo que Dios quería en mi hermano.

Lo que a continuación relataré, no lo presencié, sino que después mi cuñada lo comentaba en la sala de espera de terapia intensiva:

“La ambulancia iba algo despacio manejando –suponemos- con precaución.  En un punto del camino el avance del vehículo fue obstaculizado una vez más por el paso del tren.  Tuvieron que tomar calles en sentido contrario hasta llegar a una salida fuera del paso del tren y que les dejara libre la vía al hospital”. 

LLEGANDO A URGENCIAS

 “Al llegar a urgencias, mi cuñada inmediatamente acudió con la persona encargada para que le consiguiera un cardiólogo.  A lo que le contestaron que “se acababa de ir”.  Entonces, buscaron a uno que pudiera regresar.  En lo que mi cuñada voltea, ve que está entrando ¡el cardiólogo de mi mamá!

En cuanto lo vio, le informó que mi hermano estaba a punto de ser internado y las cosas fluyeron con tal vertiginosidad que, simplemente hemos concluido que la mano de Dios estaba obrando poderosamente”.

Tanto el hecho de que el cardiólogo estuviera en un hospital, cuando siempre lo buscábamos en otro, como el hecho de que saliera en el momento preciso de su conferencia, para que mi cuñada pudiera verlo en Urgencias; como el hecho de que la intervención que necesitaba mi hermano en ese instante se llevara  a cabo en minutos, pues, curiosamente, el equipo y el personal estaba ya reunido, aparentemente sin que nadie lo hubiera solicitado con anterioridad.  ¿Casualidades?  No, éste mis amigos, es el PODER DE DIOS.

Después del cateterismo al que mi hermano fue sometido y a la operación para ponerle un marcapasos, el tiempo transcurrió hasta el momento que, mi madre y yo llegábamos al hospital.

LA NOTICIA

Nuestro dolor se magnificó cuando nos dijo el cardiólogo que mi hermano había sufrido un infarto fulminante.  Comentaba que el daño que sufrió en el tejido de su corazón fue mucho y que definitivamente, Dios lo había vuelto a la vida, pues mi hermano no tenía pulso cuando lo empezó a atender.  Nos esperan varios días en los que mi hermano estará en terapia intensiva, evaluándose  su situación para ver si puede pasar el tiempo que denominan como “crítico” en su posible recuperación.

Entre muchas cosas, mencionó el cardiólogo que no podía explicarse cómo un infarto tan fuerte, que hizo tanto daño, fue sobrepasado por la medicina y que, a pesar de la edad y de los índices de mortalidad, mi hermano sobrevivió.

En nuestro corazón, sabemos la respuesta:  Dios es Soberano.

 NUESTRA ESPERANZA

Nuestra vida le pertenece a Dios, pues El nos las dio y El tiene predeterminado nuestro tiempo.  Mientras pasan estos minutos en los que escribo esta experiencia, el poder de Dios sigue manifestándose a nosotros trayéndonos paz inexplicable, en medio de esta aflicción tan grande.  Estamos y sentimos el poder de Dios a cada momento de esta experiencia.  Confiamos en Su amor, tan grande y sea lo que venga en los futuros días, nuestra fe se está fortaleciendo en el conocimiento de Su grandeza.

 Hoy más que nunca, quiero compartirte este testimonio personal, con el fin de que, cuando leas, creas que Dios es más grande que tus problemas y que todas tus angustias.  Que El siempre tiene el control de todo y a pesar, de que estemos en problemas o situaciones difíciles, el caminar a Su lado, hace que todo temor y angustia se esfume y entonces, un indescriptible gozo surja en el corazón, donde no importa lo que pase, lo único que podrás desear es decirle:  Gracias Padre, porque eres Bueno y porque para siempre es Tu misericordia.

Gracias a todos quiénes estuvieron al pendiente, por sus oraciones.

Créanme que, aunque estábamos en un serio aprieto, la oración que hicieron nos envolvió suavemente y pudimos descansar en nuestro Señor Jesús.

Seguiré informándoles, y testificándoles de las grandezas de Dios, siempre.

El es todo lo que necesito

Te comparto un maravilloso pensamiento, que deseo te sirva y que al igual que yo, hagas tuyo con todo el corazón.

“Él es todo lo que necesito. Si necesito más, él no me lo mezquinará. Él
contestará en su tiempo y a su manera. Y si él no me concede mi petición,
él tendrá una perfecta razón por no hacerlo. No importa lo que suceda, yo
siempre tendré fe en su fidelidad.”
~David Wilkerson

Yo te lo garantizo

Mi experiencia es, hacer las cosas con amor, aunque sea para esa persona que sabes que nunca lo valorará.  Te animo a que lo hagas. Todo lo que siembras, cosechas, (aunque no lo creas, como yo no lo creía);  por eso te garantizo que sí recibirás el fruto, aunque sea de otra gente que ni te imaginabas.

Regiomont4na