En tú luz

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Somos simples almas sedientas en un gran desierto buscando sombra, refugio y agua que nos mantenga con vida abundante.

Gracias por las aguas de salud que nos mandas para no desfallecer, siempre a tiempo.  Gracias por la nube de día y la columna de noche que nos da descanso cuando ya no podemos más.

Llévanos Tú, cuando la fatiga nos atrape.

Guárdanos Tú, cuando el mundo se envilezca y nos quiera tragar.

“En tú luz, veremos la luz”.

 

Regiomont4na

 

Una historia de vida y no de muerte

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Una historia de vida y no de muerte, aún cuando pensábamos que fuera imposible.

Esa fue la declaración de toda nuestra familia al final de una nueva prueba por la que pasamos.

Fue tan grande y estrujante, que aunque ya pasó casi un año, apenas puedo compartirles un poco más lo que vivimos en esos meses.

Mi hermano sufrió un infarto cerebral llamado “isquemia cerebral”, el 16 de octubre del 2012.

Cuando recibimos la llamada para avisarnos casi a la medianoche, el corazón nos dio un vuelco.

Rápidamente, nos enfundamos en la primera ropa que pudimos y nos fuimos –literalmente- a pie a la clínica en donde estaba internado en cuidados intensivos.

Todo estaba bien ese día.  La situación comenzó cerca de las 21:00 hrs, después de haber platicado con él vía telefónica.  Empezó a sentir que su brazo le hormigueaba y lo primero que pensaron era la posibilidad de un segundo infarto al corazón.  Hasta que llegando al hospital, se confirmó lo que realmente le estaba sucediendo.

En la espera del hospital pasamos horas y días muy difíciles.  Aunque siempre la compañía de los amigos sinceros nos cobijaba, realmente el suelo se nos movió como nunca.  Mi mente se la pasaba hablando con Dios, pidiéndole fuerza para mi familia y para mí misma.

Intentaba no caer en el espiral sin fondo de la desesperación.

No quisiera perder el tiempo ni el espacio en este post  enfocándome solo en síntomas y detalles médicos, temores y desazón que no pesan tanto como lo que realmente fue importante: ver la mano de Dios en su vida NUEVAMENTE.

Como lo había compartido en mi post, esta vez, ¡una vez más!, Dios lo libró de una muerte segura y lo libró de secuelas que lo imposibilitaran de por vida.

De no poder caminar ni mover sus pies ni valerse por sí mismo, ni siquiera para vestirse, mi hermano tuvo una recuperación asombrosa en poco tiempo.

Un mes después del evento, en  noviembre precisamente, se encontraba muy  recuperado.  Recuerdo que le di muchas gracias a Dios la noche en la que, entre risas, alabanzas a Dios y sobre la cama en la cual él pasaba dolores físicos muy fuertes,  estuvimos jugando con las cartas del “UNO”, como si nada hubiere sucedido. Si cualquiera que no conociera la situación nos hubiera visto, no hubiera sospechado jamás la verdad de la situación médica que estábamos enfrentando.

Para diciembre de ese mismo año, mi hermano recuperó su condición casi al 100%, hasta podía manejar su auto y regresó a trabajar con normalidad.

Tenemos un Dios bueno y misericordioso.  Un Dios que está atento a nuestras oraciones y que busca por todos los medios redimirnos y que le conozcamos.  Estoy convencida que a pesar de esta prueba y todas las subsecuentes, y aun más, todas las que vinieren en estos tiempos, Dios ama mucho a mi hermano.  Sin comprender en su cabalidad Su plan, por ser tan alto, mi única petición es la de llegar a ser conforme a Su corazón y confiar como un niño en Sus promesas.

Saludos de Regiomont4na

Yo Perdono

Romperé las cadenas, pronto.

Regiomont4na

“YO PERDONO”

Las lágrimas que derramé, yo perdono.
El sufrimiento y las decepciones, yo perdono.
Las traiciones y mentiras, yo perdono.
Las calumnias y las intrigas, yo perdono.
El odio y la persecución, yo perdono.
Los golpes que me dieron, yo perdono.
Los sueños rotos, yo perdono.
Las esperanzas muertas, yo perdono.
El desamor y la envidia, yo perdono.
La indiferencia y la mala voluntad, yo perdono.
La injusticia en el nombre de la justicia, yo perdono.
La ira y el maltrato, yo perdono.
El abandono y el olvido, yo perdono.
El mundo con toda su maldad, yo perdono.

La pena y el resentimiento, los sustituyo con comprensión y entendimiento.
El dolor lo sustituyo con olvido.
La venganza, la sustituyo con victoria.

Seré capaz de amar por encima del desamor.
Dar incluso cuando estoy despojada de todo.
Trabajar feliz incluso cuando estoy en medio de todos los obstáculos.
Secar las lágrimas, incluso cuando aún estoy llorando.
Creer incluso cuando estoy desacreditada.

 

Tomado del Blog:

Paulo Coelho’s Blog

http://paulocoelhoblog.com/2010/12/01/el-perdon-oleph/

¿Maduré?

Fui débil muchas veces, las tentaciones me vencieron, un día reaccioné y vi que no estaba en el camino feliz. ¿Maduré?

Tuve amores malos, dañosos, cerré mi corazón al amor un tiempo, pero me asomé y me atraparon. ¿Maduré?

 

Ya tuve amigos falsos, convenencieros y traidores , pero no me volví como ellos. ¿Maduré?

 

Ya supe que es el abandono y creí que no pasaría de nuevo. Y me equivoqué, pero no lloraré. ¿Maduré?

 
Ya aprendí que la vida cambia al ritmo de las actualizaciones del Adobe Flash Player. ¿Maduré?

 
Ya aprendí a batear y ser bateada. Ya aprendí a no llorar cuando las cosas no suceden como esperabas. ¿Maduré?

Entre más débil, más fuerte.

Hace mucho tiempo quedé cautivada por la imagen que estoy subiendo al post, por el hecho que el joven tiene en sus manos un mazo y unos clavos.  El cansancio tan extremo, sobre todo en alguien tan fuerte como un joven, suponía que estuviera realizando un trabajo más allá de sus fuerzas.

En ese entonces – hará unos 10 años – entendía esa imagen con una perspectiva diferente a la que ayer comprendí.

Hace 10 años, esto era lo que pensaba :

Jesús en su determinación por hacer cambiar el sentir equivocado de las personas, intentaba con Su amor y paciencia evitar que el muchacho lo crucificara nuevamente.  Ahora Jesús, quería mostrarle que El vive y que podría arrepentirse y volver a El.

 

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Uno va por la vida, aprendiendo y perdiendo, ganando y errando, pero todo, todo, todo ello, agrega experiencia en nuestro andar en este mundo.
Es difícil no ser cambiados, porque todo lo que nos pasa, de una u otra forma nos transforma; quizás, a la fuerza o a la mala, o de buena gana, o con deseos vehementes de ser cambiados, por ser mejores, o quizás, amargándonos, pero siempre habrá algo cambiando en el ser humano.

Es por eso, supongo, que esta bella imagen, al paso de los años, ya la he visto de otra manera.

Hoy veo a ese mismo joven preparando su propia cruz. 

 ¡Por eso no tiene fuerza suficiente!, porque no puede -aunque quiere- crucificar su Yo.

¿Sabes qué tan difícil es para ti mismo, por tus métodos y pensamientos, darle muerte al Yo?

Te lo diré, es simplemente imposible.

¡Ahora entiendo, Señor Jesús! … en mi propio cuadro todavía intento con mis pocas fuerzas dar los golpes sin poder lograrlo, pero un día llegará ese momento en el que, finalmente, rendida en Tus brazos amorosos, podré descansar en Ti… para morir al Yo … para que Vivas Tú en mi.

Con nosotros

Hoy llovió a cántaros en mi bello Monterrey y por unos minutos, esa noticia impactó nuestras mentes y corazones,  más allá que las cifras de crímenes y violencia que últimamente han azotado esta linda orbe.

Por un instante,  todo lo demás perdió importancia.

Qué bueno es Dios.  Nos recuerda que El está siempre con nosotros, en la lluvia o en el calor insoportable…. Dios …  Dios con nosotros siempre.

¡DIOS es más grande que TUS problemas!

De oídas te había oido.

 

 

Amigos, ayer domingo mi hermano tuvo oportunidad de compartir su testimonio en la iglesia.

Estoy haciendo este post con un resumen de sus palabras de ayer, aunque sinceramente, no es posible omitir casi nada, pues todo lo que comparte lleva el peso de su experiencia.  Aún así, espero puedas darte tiempo de leerlo con calma y, obtener alguna cosa buena para tu vida.  Porque Dios nunca obra con despropósito en nuestras vidas y el efecto de Su poder alcanza a muchas personas.

De Regiomont4na, con amor, transcribo lo siguiente:

De oídas te había oido, mas ahora mis ojos te ven.

I.- LA PREPARACIÓN

Ésta experiencia por la cual nuestro Señor me ha permitido pasar no tiene nada que ver con otros testimonios que hay acerca de la muerte o lo que hay más allá.  No tengo recuerdos en mi mente ó corazón sobre cielos abiertos, luces, ángeles, infierno, paraíso ó cualquier otra cosa relacionada.  Ésta experiencia tiene que ver con mi vida espiritual y las decisiones que a través de mi caminata me han acercado o alejado de Su bendita Presencia.

Es probable que alguno se identifique con las cosas que me pasaron, y quizás de algún modo ha vivido experiencias similares en lo físico ó en lo espiritual.  Pero una cosa es segura y nuestro Dios se encargó de hacérmelo más que evidente: El meollo del asunto está en el corazón. Es ahí donde libramos la mayor de las batallas; es ahí donde nos enfrentamos a nosotros mismos, donde podemos ver lo que somos, donde habita lo que nos negamos a dejar, todos los deseos y prioridades de nuestra vida, donde Dios no tiene cabida plena, sólo en algunas cosas en las cuales le permitimos que Él obre. Y el Señor y yo sabíamos que había muchas cosas pendientes de resolver ahí.

Antes de que me sucediera el infarto, Dios en su Amor había empezado a ablandarme y puso en mí la decisión de escuchar de nuevo los cursos bíblicos que teníamos empolvados en unas cajas de zapatos. En uno, hubo una parte dónde explicaban que cada quien establece la medida de saciedad de la bebida espiritual, y que muchos ya estamos satisfechos con lo que tenemos de Él, y Él no nos va a obligar a que lo anhelemos más, esto es deseo de cada uno; sin embargo, nuestro Dios desea ardientemente en Su corazón que dejemos de correr en pos de las vanidades y deseos de este mundo y que deseemos más de su Presencia, más de Él.

Esta verdad caló profundo en mi corazón y el de mi esposa, y por primera vez supimos de forma indudable que llevábamos años desperdiciando nuestras vidas. El Señor derribó hasta el suelo todo aquéllo que según nosotros habíamos avanzado, todo nuestro orgullo, todos nuestros falsos conceptos acerca de nuestra vida y nos mostró claramente que para nuestros corazones duros, Él no era lo más importante.

A pesar de todo, aun no había en mi corazón una saciedad.  Anhelaba encuentros con El, pero a la vez nuestra vida familiar se encontraba ciclada en nuestra rutina: sí, hoy hay servicio… ok, hoy hay oración a las 6:00 de la mañana… mañana toca prácticas del concurso de memorización… el próximo domingo hay servicio, en fin, nada nuevo, todo igual… pero, llegó de nuevo el Señor con singular ternura, hablando a nuestro corazón a través de nuestro Pastor, invitándonos a buscar a Dios y llegar a formar parte del pueblo que se menciona en Sof.3:12  “Y dejaré en medio de ti un pueblo humilde y pobre, el cual confiará en el nombre de Jehová”.  ¡Ese clamor brotó desde mi alma, rogando al Señor que me diera esa oportunidad! No sabía yo cómo le iba a hacer el Señor, ni siquiera estaba seguro si verdaderamente yo, tal como soy, tendría una oportunidad de participar de Su Invitación; pero igual se lo pedí, con gran necesidad, con urgencia, para mí, para mi esposa, para mis hijos, para toda mi casa, mi hermana, mi madre, (pero esperando recibir un poquito yo también…)

¡Vaya si nuestro Dios escucha, vaya si Él es fiel! Al recibir su visitación ese día supe que Él iba a hacer algo grande, porque solo de ese modo podíamos ser sacudidos y estar dispuestos a seguir su Camino en verdad. ¡Señor, haz un milagro y sálvanos!… Y Dios fielmente respondió, y gloria sea a su Nombre, no tardó.

 PARTE DOS: SU TRATO SIEMPRE ES CON AMOR Y MISERICORDIA

Llegaba el Viernes 28 de Enero, día de Oración con toda la Congregación y ahí estuvimos, oramos de manera normal, ahí estábamos, cumpliendo como asalariados con una medida de tiempo, desaprovechando la Presencia de nuestro Amado el cual se paseaba buscando corazones agradecidos, inundados de amor por Él, y encontrando quizás algunos, pero nosotros nos sentíamos fríos, lejanos. Nuestro Pastor, tomó el púlpito y nos animó a buscar al Señor con más fervor, nuestro Dios mostraba Su misericordia y amor a aquéllos que respondían a su Llamado, al final el Señor nos visitó pero una pregunta que creo que salió del mismo Corazón de nuestro Padre decía: ¿Podemos sentir la angustia que tuvo el Hijo de Dios cuando oraba en Getsemaní? Ésta pregunta y sobre todo la respuesta de nuestro Dios para nosotros desencadenó los eventos previos de este testimonio.

El Domingo 30 de Enero, por la Gracia de nuestro Dios me dieron la oportunidad de participar en el servicio dirigiendo la alabanza. Particularmente ese día me gocé como nunca ya que su Nube de Gloria fue atraída por sus santos y su Río maravilloso fluía a raudales, no quería dejar de danzarle y exaltarle a Él, pero cuando estamos en su Presencia nuestra medida de tiempo corre y llegaba el momento de recibir lo más importante: Su Palabra.

Comenzó la prédica leyendo 1ª P. 3:9 “El Señor no retarda su promesa, según algunos tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” ¡el mismo mensaje que Dios había traído a mi corazón!  El no quiere que estemos fuera de su Reino, el hace lo que sea por uno de sus hijos, aun siendo indignos y pequeños. El ha dado naciones por la vida de cada uno, y aun ha dado su tesoro más preciado: La Vida misma de su Hijo Unigénito. Mientras el Hno. leía éste pasaje, comencé a sentir como si mi cabeza empezara a dar vueltas, y unos pequeñísimos halos de colores comenzaron a aparecer a mi vista; otra vez me bajó el azúcar, pensé, mejor me voy a la parte de abajo para no esperar a sentirme peor aquí arriba.

Bajé apresuradamente las escaleras, y con la poca fuerza que me quedaba, abrí con dificultad la puerta del anexo; busqué donde sentarme, ya casi no podía sostenerme, y le pedí a mi hija ésa mañana, que me trajera lo más rápido posible una Coca Cola. Recuerdo que alcancé a darle un par de sorbos, después de eso todo fue confuso, pude ver algunas caras de hermanos angustiados que trataban de ayudarme y algunas voces algo alteradas dando instrucciones acerca de lo que era necesario hacer por mí.  Cuando llegó la ambulancia me transportaron de inmediato al hospital, hubo varios contratiempos en el camino que retrasaron mi llegada al nosocomio, pero como era de esperarse, mi Padre Celestial tenía el control, siempre lo tuvo, y nadie como Él para hacer las cosas con excelencia.

 Arribamos al área de Urgencias justo cuando el  cardiólogo que vigila la salud del corazón de nuestros Pastores, e incluso mi madre, iba saliendo de una visita a un paciente con ¡TODO SU EQUIPO MEDICO! ¡Qué Grande es nuestro Señor! Él tenía listo el mejor recurso médico disponible exactamente para cuando yo llegara, no hay duda, ¡que Dios como nuestro Dios! El Señor maneja tiempos, gente, dinero, equipos, espacios, todo de manera perfecta.  Antes aún de revisarme, el Doctor ya sabía mi diagnostico y que había que hacer; claro, mi Señor se lo había revelado.  Se requería hacer un procedimiento de cateterismo urgente, ya que la arteria afectada era la coronaria derecha (conocida como la “matona” en el lenguaje de los cardiólogos) la cual estaba completamente tapada, generando el siguiente diagnostico: INFARTO AGUDO AL MIOCARDIO COMPLICADO CON BLOQUEO AURICULO VENTRICULAR Y EXTENSION A VENTRICULO DERECHO CON INSUFICIENCIA CARDÍACA DERECHA PREDOMINANTE. Un título bastante largo que aun no alcanza a describir la gravedad del problema. Me cuentan que al momento de prepararme para el procedimiento, no hallaban pulso en mí, mi cuerpo presentaba hipotermia, mis venas no estaban visibles, y en general mi cuerpo completo estaba colapsado. Uno de los doctores mencionó que esta situación es como si todo en mí estuviera “de cabeza”. Este comentario tomó un valor muy especial cuando mi amado Señor tuvo a bien visitarme y aclararme de manera directa mis dudas, y darme las respuestas a mis peticiones.

Como era de esperarse, claro que la sala de Hemodinamia estaba disponible, el procedimiento resultó exitoso, pero lo mejor estaba por venir.

Salí de la operación y me instalaron en la Unidad de Cuidados Intensivos, algo parecido al desierto espiritual, antesala de la muerte, el lugar que mi Dios escogió para hablar a mi corazón.

PARTE TRES: LAS RESPUESTAS DE DIOS PARA MÍ

Ésta es la parte más importante de este testimonio. De nada hubiera servido todo lo que pasó si Él no nos habla. Si bien el Señor estuvo mostrando su misericordia y perfección en cada etapa, sin una Palabra Viva de su Boca en vano sería todo. Pero Él sabe lo que necesitamos, así que en el momento oportuno, en medio de la sombra de muerte que me rodeaba, Él empezó a darle Vida Verdadera a mi alma. Al estar todo entubado, con oxígeno que me impedía moverme, ambas manos canalizadas con líquidos, sondas en mi cuerpo, calor insoportable, lo único que podía hacer era esperar, estar quieto.  Él vino a mí la primera vez con palabras de mi Pastor, el cual se tomó la molestia de visitarme en ése lecho de desesperación. Sus palabras “el Señor me ha dicho que Él ha tomado un puñado de trigo para ser machacado y ser pan para otros, y tú has sido escogido por Él como un grano para ser molido para este propósito” trajo paz a mi alma, aunque me provocó inquietud ¿Cómo puedo ser yo pan para otros, si no tengo lo mínimo requerido, no soy fiel, mis caminos son inconstantes, y no reconozco al Señor como Rey de TODA mi vida? Pero también un rayo de fe y esperanza me embargaron, pues poderoso es Dios para crear de la nada algo glorioso.

Aun estaba meditando en esto, cuando en la madrugada y cuando físicamente me sentía más quebrantado, vino su Palabra a mí con la siguiente respuesta: ¿Te acuerdas que tú  has pedido y clamado por llegar a ser parte de mis escogidos, ese pueblo humilde y pobre que solo confía y espera de mi Mano? ¿Cómo puedes ser tú humilde y pobre de espíritu, si aún crees que puedes hacer lo que quieras?  Yo estoy vaciándote de ti mismo, de todo aquéllo que tú crees que es importante, de todas tus ideas, piensas en algo y enseguida lo haces, aún sin saber si es mi Voluntad, tienes algún antojo y lo sacias, sin ver que eso no te lleva a nada, pero hoy, que no puedes moverte, que dependes de otros para todo, que eres llevado a donde tú no quieres, estás entrando en la siguiente etapa, recuerda lo que Yo le dije a Pedro cuando lo llamé a apacentar a mis ovejas “De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras” Jn.21:18

¿Qué más humilde puedes ser ahora que no puedes valerte por ti mismo, y que tan pobre no eres ahora que no puedes hacer lo que tú quieres? Tus fuerzas se han agotado, no puedes hacer nada por ti mismo.  Si pensabas que todo lo que hacías antes era decisión tuya, hoy te digo que Yo te permití que hicieras todo eso para que hoy veas a donde te llevaría tu camino: a la muerte. Es el tiempo de ser vaciados, que dejes de ser como Efraín, contaminado por los demás pueblos, torta no volteada, que permaneció en su sedimento; para ser vaciados de lo que somos hay que ser volteados, a 180º (de cabeza, como dijo el médico). Un vaciamiento tiene un costo, hay que pagar el precio, hay dolor, hay conmoción, hay angustia, pero este es el camino de la cruz, es el medio de dar a luz la Vida del Hijo; pero he aquí no temas, porque todavía viene la purificación, donde tú y tu Señor estarán a cuentas.

En esta parte comprendí un poco del gran Amor del Padre, Amor que venía como medicina para mi cuerpo, pero sobre todo fortalecía mi espíritu y alentaba mi alma, yo sabía que no era digno de su visitación, pero aun así esperaba verle de nuevo, sentir como Él me hablaba con tanta claridad, pero también con tanta ternura. Su Paz me envolvía de una manera inexplicable, Los dolores y penas huían de mí, su Espíritu traía paz y bienestar a todo mi organismo, no sentía molestias cuando Él venía a buscarme.

El siguiente encuentro fue glorioso, el Señor con su Amor y Paciencia me habló en Is. 1:10-20, específicamente sus Palabras fueron “No quiero que vuelvas a estar delante de mi pueblo, ministrándome a Mí, hablando y contando cosas que no has experimentado, si tú estás harto de tu condición, YO estoy harto de tus vanas ofrendas, no soporto que hables de Mí y de mis maravillas mezclándolo con todo lo que tú crees, sólo repitiendo lo que otros han dicho, interpretando todo con tus ideas, conceptos humanos; estoy cansado de oír vanidad, me es abominación. Quiero que a partir de hoy sólo hables de aquello que conoces por experiencia, lo que se ha hecho parte de tu vida, no me traigas más vanas ofrendas, el precio que hoy te pongo a ti es convertirte en el mensaje, que tú mismo seas el mensaje, que tu vida hable de lo que Yo soy y lo que Yo puedo hacer…Si quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra. Si estás dispuesto, yo restauraré tu cuerpo y verás cosas grandes que no te imaginas.”

Ante semejante invitación, conmovido porque a Él no le importaban mis errores, fracasos, amarguras, actitudes incorrectas, mal ejemplo, ingratitud, le pedí que continuara y me mostrara más de Él, le pregunté por qué me había pasado esto justo después de haber participado en el servicio, Él me dijo que cuando alguno se acerca a su Gloria, en su Presencia, todo lo que no es de Él tiene que morir ¿Qué esperabas que te pasara? ¿Pensabas seguir siendo el mismo teniendo encima tan excelente peso de Gloria? Tenías que morir, todo lo terrenal tiene que morir, pero Yo Soy la Resurrección y la Vida, y te restauraré porque me buscaste con todo tu corazón”.

El Señor también me dijo que en su Camino todo es infinito, es decir, así como el Universo y toda su creación no tiene fin, sino que cada día va en aumento, así también espera que nuestra vida crezca en abundancia, como el árbol plantado junto a los arroyos de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae, el me habló de esto en Ec. 7:8 “Mejor es el fin del negocio que su principio”; Él quiere que todos sepamos que la gloria de su Presencia irá en aumento cada día si somos fieles y le buscamos.  Otra cosa en este sentido que el Señor me confirmó es que esto es algo serio, no podemos seguir vacilando ó dudando en su Camino, es tiempo de decidirnos con quien y donde queremos pasar la Eternidad. Si El empezó la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo (Fil. 1:6).

A causa de la falla cardíaca se produjo líquido en uno de mis pulmones, no fue posible drenarlo con medicamentos, por lo que un segundo procedimiento quirúrgico fue necesario para extraer el líquido haciendo una punción pulmonar, escuché después de ser sometido a esta punción de que es algo muy doloroso, pero el Señor, conociendo que mi umbral de dolor es bajo, que soy temeroso de todo lo que me produce dolor, hizo que dicho procedimiento no solo no fuera doloroso, Él permitió que fuera una sensación agradable… ¿Increíble, verdad?  La gloria sea solo para nuestro poderoso Dios.  Sólo Él puede cambiar un tiempo de prueba y dolor en tiempos de gozo y alegría “Atravesando el valle de lágrimas lo cambian en fuentes” Sal.84:6.

Nuestro Dios siguió manifestándose como Dios Hacedor de maravillas durante mi recuperación, quiero decirles que el oxígeno que me suministraron fue solo por una noche y debido a que el procedimiento de recuperación para este tipo de eventos así lo exigía, pero después aunque siempre estuvo ahí disponible en cada habitación que estuve nunca lo usé, duré 9 días hospitalizado pero me quitaron las canalizaciones 4 días antes, al 4º día ya me bañaba sólo, no tenía ningún dolor al pararme ó acostarme en la cama, tuve toda Su Gracia (y aquí el Señor sabe cuánta necesito) para comer todo lo que me servían, platos ricos en verduras, platillos sin pizca de grasa, nada de coca light, etc.

Mi recuperación física continuará por un tiempo, pero el gozo de haber visto y oído a mi Señor, preocupado por el más insignificante de sus creaturas, es algo que toda la vida agradeceré y cantaré porque su Misericordia y Amor no tienen fin, y su Fidelidad es para siempre.

Quiero ser restaurado, quiero ser una nueva creación, quiero pasar toda la eternidad con Él y anhelo con todo mi corazón poder postrarme a sus Pies y cantarle por siempre en su Presencia, porque Él se acordó de mí.

“Por tanto yo hablaba lo que no entendía, cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía. Oye, te ruego, y hablaré;

Te preguntaré, y Tú me enseñarás. De oídas te había oído;

Mas ahora mis ojos te ven”  Job 42:3-5