En tú luz

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Somos simples almas sedientas en un gran desierto buscando sombra, refugio y agua que nos mantenga con vida abundante.

Gracias por las aguas de salud que nos mandas para no desfallecer, siempre a tiempo.  Gracias por la nube de día y la columna de noche que nos da descanso cuando ya no podemos más.

Llévanos Tú, cuando la fatiga nos atrape.

Guárdanos Tú, cuando el mundo se envilezca y nos quiera tragar.

“En tú luz, veremos la luz”.

 

Regiomont4na

 

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Una historia de vida y no de muerte

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Una historia de vida y no de muerte, aún cuando pensábamos que fuera imposible.

Esa fue la declaración de toda nuestra familia al final de una nueva prueba por la que pasamos.

Fue tan grande y estrujante, que aunque ya pasó casi un año, apenas puedo compartirles un poco más lo que vivimos en esos meses.

Mi hermano sufrió un infarto cerebral llamado “isquemia cerebral”, el 16 de octubre del 2012.

Cuando recibimos la llamada para avisarnos casi a la medianoche, el corazón nos dio un vuelco.

Rápidamente, nos enfundamos en la primera ropa que pudimos y nos fuimos –literalmente- a pie a la clínica en donde estaba internado en cuidados intensivos.

Todo estaba bien ese día.  La situación comenzó cerca de las 21:00 hrs, después de haber platicado con él vía telefónica.  Empezó a sentir que su brazo le hormigueaba y lo primero que pensaron era la posibilidad de un segundo infarto al corazón.  Hasta que llegando al hospital, se confirmó lo que realmente le estaba sucediendo.

En la espera del hospital pasamos horas y días muy difíciles.  Aunque siempre la compañía de los amigos sinceros nos cobijaba, realmente el suelo se nos movió como nunca.  Mi mente se la pasaba hablando con Dios, pidiéndole fuerza para mi familia y para mí misma.

Intentaba no caer en el espiral sin fondo de la desesperación.

No quisiera perder el tiempo ni el espacio en este post  enfocándome solo en síntomas y detalles médicos, temores y desazón que no pesan tanto como lo que realmente fue importante: ver la mano de Dios en su vida NUEVAMENTE.

Como lo había compartido en mi post, esta vez, ¡una vez más!, Dios lo libró de una muerte segura y lo libró de secuelas que lo imposibilitaran de por vida.

De no poder caminar ni mover sus pies ni valerse por sí mismo, ni siquiera para vestirse, mi hermano tuvo una recuperación asombrosa en poco tiempo.

Un mes después del evento, en  noviembre precisamente, se encontraba muy  recuperado.  Recuerdo que le di muchas gracias a Dios la noche en la que, entre risas, alabanzas a Dios y sobre la cama en la cual él pasaba dolores físicos muy fuertes,  estuvimos jugando con las cartas del “UNO”, como si nada hubiere sucedido. Si cualquiera que no conociera la situación nos hubiera visto, no hubiera sospechado jamás la verdad de la situación médica que estábamos enfrentando.

Para diciembre de ese mismo año, mi hermano recuperó su condición casi al 100%, hasta podía manejar su auto y regresó a trabajar con normalidad.

Tenemos un Dios bueno y misericordioso.  Un Dios que está atento a nuestras oraciones y que busca por todos los medios redimirnos y que le conozcamos.  Estoy convencida que a pesar de esta prueba y todas las subsecuentes, y aun más, todas las que vinieren en estos tiempos, Dios ama mucho a mi hermano.  Sin comprender en su cabalidad Su plan, por ser tan alto, mi única petición es la de llegar a ser conforme a Su corazón y confiar como un niño en Sus promesas.

Saludos de Regiomont4na

Yo Perdono

Romperé las cadenas, pronto.

Regiomont4na

“YO PERDONO”

Las lágrimas que derramé, yo perdono.
El sufrimiento y las decepciones, yo perdono.
Las traiciones y mentiras, yo perdono.
Las calumnias y las intrigas, yo perdono.
El odio y la persecución, yo perdono.
Los golpes que me dieron, yo perdono.
Los sueños rotos, yo perdono.
Las esperanzas muertas, yo perdono.
El desamor y la envidia, yo perdono.
La indiferencia y la mala voluntad, yo perdono.
La injusticia en el nombre de la justicia, yo perdono.
La ira y el maltrato, yo perdono.
El abandono y el olvido, yo perdono.
El mundo con toda su maldad, yo perdono.

La pena y el resentimiento, los sustituyo con comprensión y entendimiento.
El dolor lo sustituyo con olvido.
La venganza, la sustituyo con victoria.

Seré capaz de amar por encima del desamor.
Dar incluso cuando estoy despojada de todo.
Trabajar feliz incluso cuando estoy en medio de todos los obstáculos.
Secar las lágrimas, incluso cuando aún estoy llorando.
Creer incluso cuando estoy desacreditada.

 

Tomado del Blog:

Paulo Coelho’s Blog

http://paulocoelhoblog.com/2010/12/01/el-perdon-oleph/

¿Maduré?

Fui débil muchas veces, las tentaciones me vencieron, un día reaccioné y vi que no estaba en el camino feliz. ¿Maduré?

Tuve amores malos, dañosos, cerré mi corazón al amor un tiempo, pero me asomé y me atraparon. ¿Maduré?

 

Ya tuve amigos falsos, convenencieros y traidores , pero no me volví como ellos. ¿Maduré?

 

Ya supe que es el abandono y creí que no pasaría de nuevo. Y me equivoqué, pero no lloraré. ¿Maduré?

 
Ya aprendí que la vida cambia al ritmo de las actualizaciones del Adobe Flash Player. ¿Maduré?

 
Ya aprendí a batear y ser bateada. Ya aprendí a no llorar cuando las cosas no suceden como esperabas. ¿Maduré?

Entre más débil, más fuerte.

Hace mucho tiempo quedé cautivada por la imagen que estoy subiendo al post, por el hecho que el joven tiene en sus manos un mazo y unos clavos.  El cansancio tan extremo, sobre todo en alguien tan fuerte como un joven, suponía que estuviera realizando un trabajo más allá de sus fuerzas.

En ese entonces – hará unos 10 años – entendía esa imagen con una perspectiva diferente a la que ayer comprendí.

Hace 10 años, esto era lo que pensaba :

Jesús en su determinación por hacer cambiar el sentir equivocado de las personas, intentaba con Su amor y paciencia evitar que el muchacho lo crucificara nuevamente.  Ahora Jesús, quería mostrarle que El vive y que podría arrepentirse y volver a El.

 

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Uno va por la vida, aprendiendo y perdiendo, ganando y errando, pero todo, todo, todo ello, agrega experiencia en nuestro andar en este mundo.
Es difícil no ser cambiados, porque todo lo que nos pasa, de una u otra forma nos transforma; quizás, a la fuerza o a la mala, o de buena gana, o con deseos vehementes de ser cambiados, por ser mejores, o quizás, amargándonos, pero siempre habrá algo cambiando en el ser humano.

Es por eso, supongo, que esta bella imagen, al paso de los años, ya la he visto de otra manera.

Hoy veo a ese mismo joven preparando su propia cruz. 

 ¡Por eso no tiene fuerza suficiente!, porque no puede -aunque quiere- crucificar su Yo.

¿Sabes qué tan difícil es para ti mismo, por tus métodos y pensamientos, darle muerte al Yo?

Te lo diré, es simplemente imposible.

¡Ahora entiendo, Señor Jesús! … en mi propio cuadro todavía intento con mis pocas fuerzas dar los golpes sin poder lograrlo, pero un día llegará ese momento en el que, finalmente, rendida en Tus brazos amorosos, podré descansar en Ti… para morir al Yo … para que Vivas Tú en mi.

Con nosotros

Hoy llovió a cántaros en mi bello Monterrey y por unos minutos, esa noticia impactó nuestras mentes y corazones,  más allá que las cifras de crímenes y violencia que últimamente han azotado esta linda orbe.

Por un instante,  todo lo demás perdió importancia.

Qué bueno es Dios.  Nos recuerda que El está siempre con nosotros, en la lluvia o en el calor insoportable…. Dios …  Dios con nosotros siempre.

¡DIOS es más grande que TUS problemas!