Días y días

Esta frase me la mandaron y me llegó mucho, se las comparto con todo el corazón:

“Días llenos de decisiones.  Días de glorias, de buenas y malas noticias. Días que me demuestran que nada esta seguro y que todo puede cambiar en un segundo.

Días de sueños, sonrisas, lágrimas y amigos.

Pero sobre todo, días dónde no he dejado de ver ni un segundo Tu respaldo, mi Dios…”

Besitos

Regiomont4na

Testimonio

 

 

No puedo más que expresar y no podría dejar de hacerlo:  Cuán grande es Dios.

Lo siguiente que voy a compartirles es la experiencia que como familia vivimos el día de ayer 30 de enero de 2011.

Mi hermano sufrió un infarto fulminante.

Las cosas que he de contarles, mayormente fueron presenciadas por mi y otras tantas, por miembros de mi familia, que estuvieron en el momento de cada situación.

 EL INCIO

Esta parte no la presencié yo, así que, en caso de que haya una precisión, iré transformando el párrafo para que sea lo más apegado posible a los hechos:

 “Alrededor de las 10:30 a.m., mi hermano después de terminar la alabanza en la iglesia, llegó a la planta baja con la intención de tomar un refresco, pues se sintió mal.  En un instante, le dio un síncope que lo hizo caer al piso semi-inconsciente y quejándose de un dolor en el pecho muy fuerte.  Algunos médicos que forman parte de la congregación, hicieron acto de presencia para revisarlo, mientras tanto, se le dio aviso a mi cuñada y pocos minutos a mi, sobre esta situación”.

 A partir de aquí, es lo que yo presencié:

Cuando llegué y vi la escena, me dio muchísima tristeza.  Veía por un lado la aprehensión de los médicos y su angustia.  Yo me la pasé expectante para lo que se requiriera, si alguna llamada o algún movimiento.  Sabía que había más gente a mi alrededor, pero no captaba en este momento quiénes eran.  Mi único enfoque era el cuerpo tendido de mi hermano, su voz muy apagada musitando algo y la prisa de todos por quitarle la corbata y desabrocharle la camisa para que pudiera respirar mejor.  En segundos, averigüé que ya habían llamado a la ambulancia y que irían a internarlo a un hospital de la localidad.

Mi cuñada, estaba hablándole, asustada y clamando a Dios por la vida de mi hermano, mientras los médicos seguían intentando encontrarle pulso, revisándole la presión e intentando que mi hermano no perdiera la conciencia.

 EL TRASLADO AL HOSPITAL

 Después de que llegaran los paramédicos, el tiempo se volvió más lento, pues la urgencia que todos teníamos porque ya fuera internado, se vio por momentos obstaculizada por el protocolo de volver a revisar los signos vitales.  Damos gracias a Dios por los paramédicos que lo atendieron y que a pesar de la tardanza, hicieron lo que Dios quería en mi hermano.

Lo que a continuación relataré, no lo presencié, sino que después mi cuñada lo comentaba en la sala de espera de terapia intensiva:

“La ambulancia iba algo despacio manejando –suponemos- con precaución.  En un punto del camino el avance del vehículo fue obstaculizado una vez más por el paso del tren.  Tuvieron que tomar calles en sentido contrario hasta llegar a una salida fuera del paso del tren y que les dejara libre la vía al hospital”. 

LLEGANDO A URGENCIAS

 “Al llegar a urgencias, mi cuñada inmediatamente acudió con la persona encargada para que le consiguiera un cardiólogo.  A lo que le contestaron que “se acababa de ir”.  Entonces, buscaron a uno que pudiera regresar.  En lo que mi cuñada voltea, ve que está entrando ¡el cardiólogo de mi mamá!

En cuanto lo vio, le informó que mi hermano estaba a punto de ser internado y las cosas fluyeron con tal vertiginosidad que, simplemente hemos concluido que la mano de Dios estaba obrando poderosamente”.

Tanto el hecho de que el cardiólogo estuviera en un hospital, cuando siempre lo buscábamos en otro, como el hecho de que saliera en el momento preciso de su conferencia, para que mi cuñada pudiera verlo en Urgencias; como el hecho de que la intervención que necesitaba mi hermano en ese instante se llevara  a cabo en minutos, pues, curiosamente, el equipo y el personal estaba ya reunido, aparentemente sin que nadie lo hubiera solicitado con anterioridad.  ¿Casualidades?  No, éste mis amigos, es el PODER DE DIOS.

Después del cateterismo al que mi hermano fue sometido y a la operación para ponerle un marcapasos, el tiempo transcurrió hasta el momento que, mi madre y yo llegábamos al hospital.

LA NOTICIA

Nuestro dolor se magnificó cuando nos dijo el cardiólogo que mi hermano había sufrido un infarto fulminante.  Comentaba que el daño que sufrió en el tejido de su corazón fue mucho y que definitivamente, Dios lo había vuelto a la vida, pues mi hermano no tenía pulso cuando lo empezó a atender.  Nos esperan varios días en los que mi hermano estará en terapia intensiva, evaluándose  su situación para ver si puede pasar el tiempo que denominan como “crítico” en su posible recuperación.

Entre muchas cosas, mencionó el cardiólogo que no podía explicarse cómo un infarto tan fuerte, que hizo tanto daño, fue sobrepasado por la medicina y que, a pesar de la edad y de los índices de mortalidad, mi hermano sobrevivió.

En nuestro corazón, sabemos la respuesta:  Dios es Soberano.

 NUESTRA ESPERANZA

Nuestra vida le pertenece a Dios, pues El nos las dio y El tiene predeterminado nuestro tiempo.  Mientras pasan estos minutos en los que escribo esta experiencia, el poder de Dios sigue manifestándose a nosotros trayéndonos paz inexplicable, en medio de esta aflicción tan grande.  Estamos y sentimos el poder de Dios a cada momento de esta experiencia.  Confiamos en Su amor, tan grande y sea lo que venga en los futuros días, nuestra fe se está fortaleciendo en el conocimiento de Su grandeza.

 Hoy más que nunca, quiero compartirte este testimonio personal, con el fin de que, cuando leas, creas que Dios es más grande que tus problemas y que todas tus angustias.  Que El siempre tiene el control de todo y a pesar, de que estemos en problemas o situaciones difíciles, el caminar a Su lado, hace que todo temor y angustia se esfume y entonces, un indescriptible gozo surja en el corazón, donde no importa lo que pase, lo único que podrás desear es decirle:  Gracias Padre, porque eres Bueno y porque para siempre es Tu misericordia.

Gracias a todos quiénes estuvieron al pendiente, por sus oraciones.

Créanme que, aunque estábamos en un serio aprieto, la oración que hicieron nos envolvió suavemente y pudimos descansar en nuestro Señor Jesús.

Seguiré informándoles, y testificándoles de las grandezas de Dios, siempre.

El es todo lo que necesito

Te comparto un maravilloso pensamiento, que deseo te sirva y que al igual que yo, hagas tuyo con todo el corazón.

“Él es todo lo que necesito. Si necesito más, él no me lo mezquinará. Él
contestará en su tiempo y a su manera. Y si él no me concede mi petición,
él tendrá una perfecta razón por no hacerlo. No importa lo que suceda, yo
siempre tendré fe en su fidelidad.”
~David Wilkerson

Si no es una cosa, es otra.

Manitos, déjenme les cuento… Desde finales de noviembre, empecé a tener unos episodios de enfermedad que se iban ensamblando como eslabones uno tras otro.

Al principio, me estaba matando la gastritis.  Después, por quéhaceres de la oficina, estuve un par de días expuesta a polvo y moho que me hicieron desarrollar una alergia marca ACME.  

No, no, no.. quién vio mi boca en ésos días, seguramente apostó su quincena a que me había puesto bótox en las trompas.

Sin embargo, soy una mujer de carácter sencillo y tengo un presupuesto muchísimo más sencillo que mi carácter, por lo cual, lamento sinceramente la pérdida de sus quincenas, estimadísimos.

No bien, me estaba desinflamando paulatinamente -ya estaba harta que me confundieran con Angelina Jolie- en serio… me estaba hartando; cuando empecé una mañana, para ser más preciso, el 16 del presente, a manifestar ¡unos mareos apocalípticos!

San Guchito mareador, sálvame por favor

Si bien, este síntoma tiende a generar suspicacias con tus conocidos, respecto a que te estás EMBarneciendo, como que estás EMBarcelona.

…luego de una revisión médica, (porque finalmente caí con especialistas), me dieron la noticia:  Nadie iba a ser tío, ni abuelo, menos padre.

Presentaba el conocidísimo (léase con sarcasmo) mal ¿benigno?  [¿cómo un mal va a ser benigno?, por DioR’], intitulado y jamás igualado: 

Vértigo postural paroxístico benigno”.  -WTF!

Un párrafo tomado de la Dra. Jennifer Derebery, MD, FACS publicado en la web menciona :

“Los enfermos con este trastorno presentan episodios breves de vértigo con los cambios de postura, por lo común al girar en la cama, al acostarse o pararse de la cama, al inclinarse, enderezarse o extender el cuello para ver (el llamado vértigo del estante superior)…La teoría que prevalece sobre la causa de BPPV es que se cree que un otolito se desprendió del sáculo o el utrículo y se desplazó al conducto semicircular posterior.

El nistagmo rotatorio puede observarse durante la maniobra, después de un período de latencia de 2 a 10 segundos. Por lo común el nistagmo cambia de dirección cuando el paciente se sienta.

La enfermedad es de resolución espontánea, y el paciente se recupera por completo en plazo de tres meses. El rehusarse a mover la cabeza tiende a retrasar la recuperación. Se ha demostrado que los ejercicios vestibulares (p. Ej., caer o girar varias veces en sucesión de tal manera que se provoque el vértigo varias veces al día, mientras se encuentra seguro en cama) acelera la recuperación.

Ahora ya lo saben, amiguitos 😀

Estoy en el proceso de recuperación, más el proceso de tomarlo de la mejor manera posible.  Este último es más difícil, porque es desesperante sentir la inseguridad de que en cualquier movimiento pierdes piso.  Incluso al acostarte.

Y queridos todos, si llegaron sus ojitos hasta aquí, es que en verdad me tienen mucha paciencia y/o de plano, están de weba mortal sin quéhacer, ¡móndrigos flojos de fin de año! …  pero agradezco que pudieron leer la retalía de mis achaques, de cuales fui objeto en este cierre de año.

Como me dijo un amigo:  “Qué el próximo año traiga equilibrio a tu vida”, ese es mi deseo para todos ustedes 8 lectores (si acaso siguen por ahí).

Ando borracha, y hasta atrás, pero sin tomar cheve, sin gastar lana y sin tener aliento alcohólico…. “Superen eso, novatos”.

Aurevoir

Continuar.

Definitivamente, la vida es una continua lucha, por sobrevivir  y por encontrarse a sí mismo.

Se vale perder, pero lo que no se vale es acobardarse.

Me faltan muchas “cruzadas”… ya me cansé en algunas, pero no puedo darme el lujo de quedarme a esperar. 

Blandiendo mi espada , continúo.  Esperando el día en que finalmente, pueda decir:  Todo lo que pasó, valió la pena.

Cierra la boca

Hay veces que quisiera de una sola vez dejar  de controlar hasta el último segundo mi impulsividad de guardarme todo lo que llevo a cuestas, para poder decir todo lo que siento, sin sopesar previamente el resultado final de las palabras; sacar en palabras todo lo que se revuelve en mi mente, lo que desbarata mi corazón y apretuja mi estómago… pero simplemente no lo hago, porque quién sabe por qué recuerdo la enseñanza de que, la mayoría del tiempo es mucho mejor callar y serenarse que levantar la voz, en el momento más inapropiado.

Y tal vez, en este momento al escribir, “diciendo sin decir“, supongo encontrar un poco de escape a cada rabieta que llevo guardando, creyendo y  esperando que llegue el día en que me dejen de importar tanto las cosas y las personas.

“El dolor que no te mata, te hace más fuerte”.

Vasijas rotas

Estaba viendo en la web imágenes, cuando de pronto me aparecieron unas de cristales rotos. ¡Qué feo se ve!

Pero más feo se siente estar quebrado por dentro.

Me imaginé que todos los seres humanos fuésemos vasijas de cerámica o de barro.  Aparentemente muy resistentes, pero no.  Podemos tener fisuras o grietas.  También podemos causarnos grietas unos a otros.

Cada uno lleva en su interior la cuenta de sus grietas, de su dolor.  También, cada uno lleva en su interior la cuenta de quiénes han “agrietado” con sus modos, hechos y palabras.

Cuando quebramos una vasija que amamos, nos duele.  Intentamos repararla con un poco de resistol y cuando finalmente se seca,  sigue la grieta intacta.

Cuando lastimamos o somos lastimados, nos duele.  Intentamos reparar el daño con un “lo siento”, “perdóname”; pero la herida no siempre sana así.

Yo confieso que aún tengo rencores que no han sanado.  Lo noto porque  llevo la cuenta de quiénes me han herido.  Unos sin querer, otros, tristemente queriéndolo hacer con todo propósito.

Me enfrento a sus “lo siento”….  y no puedo responder.

¿Te ha pasado?

Vasijas lastimadas, tenemos una solución:  Dios sanando y restaurando nuestro interior.

Dejémos que El sea quien “en Su tiempo” haga lo necesario para volvernos nuevas vasijas.