Cierra la boca

Hay veces que quisiera de una sola vez dejar  de controlar hasta el último segundo mi impulsividad de guardarme todo lo que llevo a cuestas, para poder decir todo lo que siento, sin sopesar previamente el resultado final de las palabras; sacar en palabras todo lo que se revuelve en mi mente, lo que desbarata mi corazón y apretuja mi estómago… pero simplemente no lo hago, porque quién sabe por qué recuerdo la enseñanza de que, la mayoría del tiempo es mucho mejor callar y serenarse que levantar la voz, en el momento más inapropiado.

Y tal vez, en este momento al escribir, “diciendo sin decir“, supongo encontrar un poco de escape a cada rabieta que llevo guardando, creyendo y  esperando que llegue el día en que me dejen de importar tanto las cosas y las personas.

“El dolor que no te mata, te hace más fuerte”.

Unas cosas

No sé si fue que la inspiración llega cuando se le pega su gana, independientemente de la hora y día de la semana, o el hecho de estar “bichosa”  – entiéndase, enferma- que me esté poniendo a escribir en la madrugada… o la suma de ambas condiciones.

Veo el viejo mueble de madera, ése que guarda no sólo cosas; también recuerdos, detalles, sentimientos.

Un librero es mucho màs que un espacio para guardar libros… algunos como el mío albergan muchísimas más cosas…. mira el libro aquél de la escuela, ese que contiene la clase más aburrida y finalmente, la que más me sirvió en mi trabajo.

Observa el llavero aquèl… llegó desde Irlanda, seguramente apretujado entre ropa sucia y nueva de la maleta de mi compañera de trabajo.

Los libros que compré impulsada por la emoción de aprender cosas nuevas: el libro de idioma alemàn y los muchos otros de la educación de la voz.

Rescata entre las formas, los mini globos metálicos que me recuerdan pasar un “feliz cumpleaños”, cubiertos de un polvo finísimo que el tiempo ha esparcido en ellos.

El libro prestado de mi amiga que se fue.  Los figurines que iban a ser un buen regalo pero que al fin y al cabo siguen esperando ser envueltos y entregados.

Tantas “cosas” envuelven las cosas, me dejan pensando que un librero marrón y viejo, es mucho más que un simple librero.

Hasta mañana.

Vasijas rotas

Estaba viendo en la web imágenes, cuando de pronto me aparecieron unas de cristales rotos. ¡Qué feo se ve!

Pero más feo se siente estar quebrado por dentro.

Me imaginé que todos los seres humanos fuésemos vasijas de cerámica o de barro.  Aparentemente muy resistentes, pero no.  Podemos tener fisuras o grietas.  También podemos causarnos grietas unos a otros.

Cada uno lleva en su interior la cuenta de sus grietas, de su dolor.  También, cada uno lleva en su interior la cuenta de quiénes han “agrietado” con sus modos, hechos y palabras.

Cuando quebramos una vasija que amamos, nos duele.  Intentamos repararla con un poco de resistol y cuando finalmente se seca,  sigue la grieta intacta.

Cuando lastimamos o somos lastimados, nos duele.  Intentamos reparar el daño con un “lo siento”, “perdóname”; pero la herida no siempre sana así.

Yo confieso que aún tengo rencores que no han sanado.  Lo noto porque  llevo la cuenta de quiénes me han herido.  Unos sin querer, otros, tristemente queriéndolo hacer con todo propósito.

Me enfrento a sus “lo siento”….  y no puedo responder.

¿Te ha pasado?

Vasijas lastimadas, tenemos una solución:  Dios sanando y restaurando nuestro interior.

Dejémos que El sea quien “en Su tiempo” haga lo necesario para volvernos nuevas vasijas.

Lecciones

Hay lecciones que aprendemos (si es que deseamos aprender algo).

La mayoría son buenas lecciones, que aportan a tu vida una manera positiva de enfrentar las cosas; sin embargo, a veces tienes que aprender lecciones dolorosas, que preferías no tener qué participar … que preferirías no entrar a ellas … pero no tienes opción….  ¿o si?

Aguanta, corazón.

Qué bueno que no soy Dios.

Qué bueno que no tengo la habilidad de juzgar. Seguramente cometería barbaridades enraizadas desde mi ego.

 Hay veces que me cansa ver tantas injusticias que a diario se viven. Algunas tan antiguas que pensamos que nunca se terminarán de arreglar. Algunas que te revuelven el estómago y te hacen hervir la sangre pero que, finalmente no tienes oportunidad -aunque quisieras- de hacer algo por evitarlas.

Qué bueno es Dios. Siempre nos da la oportunidad de volvernos de nuestros malos pensamientos y formas de vida. Enmarcó el cielo como diciendo: Sí hay esperanza, si continuas haciendo lo correcto.

Conversaciones con Regina I

Noche de insomnio.

Regina fiel, me alumbra las sombras y penumbras. Me gustaría que también tuviera esa lucecita especial que alumbrase las sombras y penumbras del alma.

Pero no viene nada de eso detallado en su instructivo.

Mmmmh… me las tengo que averiguar yo sola; pareciera que Regina me insinuara algo que es importante y no logro descifrarlo.

Feliz tú, querida Regina, que tu luz interna te alumbra y alumbra a otros.

Hey, Regina, ¿dónde quedó mi luz?

Poema IV

 

 Deshójame los labios a cuenta gotas,

Descúbreme el sentimiento,

envuelto en cada cotidianidad.

Mis besos son margaritas,

van cayendo presos de tus deseos,

de tus ilusiones recién nacidas.

Deshójame los labios despacio,

No hay más tiempo que nos rija

Sólo  la eternidad…

La eternidad de un beso compartido

Es augurio de que sí existe el destino.

Por: Regiomont4na

El Poder de la música

“¿Escuchas?” – me pregunté mientras oía los sonidos más elaborados y artísticos. Paso a paso un sonido nuevo y vibrante. Un jilguero embelleciendo el cielo. Una gota de rocío resbalando en la hoja. Un árbol, contando su historia a través de los cientos de años que vió. Y me uní con un cántico nuevo.  Como la vida misma lo cantaba.

No hay mayor placer para mi que la música. Jamás estará mi casa escuchándose el silencio. La música ha formado parte íntegra en mi vida desde que tengo memoria. (Aunque dudo mucho que mi mamá hubiese puesto walk-man con clásicos infantiles en su panza mientras me esperaba). Es algo que traigo en el ADN, si pudiera asegurarlo. Hay quienes llaman a esto una inclinación o pasión. Otros, simplemente un hobbie. Yo pienso que fui destinada para la música. La música cambia la vida. Transforma las tinieblas en luz y en belleza a las cenizas.

Pienso que una vida dedicada a la música es una vida bellamente empleada, y es a eso a lo que he dedicado la mía. Luciano Pavarotti (1935-2007) Tenor italiano.