El mejor otoño de mi vida

 

Cayeron las hojas; cayeron los miedos.

                                   Llovió como hace mucho no llovía; de pronto mi vida se volvió eso:  “vida”.

Brisa helada, sol tranquilo; alma renovada, corazón tibio.

 

                                    Y así fue el otoño en este año, en mi vida, el mejor, el menos pensado, el más disfrutado.

Una sombra, una figura de lo que mi alma escribiría.

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De los malos momentos

Dios nos ha puesto en el camino que Él mismo nos ha trazado, aunque seamos torpes y caigamos vez tras vez, Él en Su sabiduría, grandeza y poder nos mantiene tan cerca del camino aun cuando pensamos que estamos muy lejos y que todo lo que soñamos realizar ya quedó en otro extremo totalmente opuesto a nuestro destino.

Así como Él mismo crea nuestro camino, también creó nuestro cuerpo, es por eso que está hecho para ir hacia adelante; lo mismo y con mayor razón en nuestra mente y en nuestra alma.

No somos eternos, ¿por qué desperdiciar el tiempo como si lo fuéramos? Nos pueden distraer cosas, situaciones, personas que se han colocado estratégicamente para obstaculizar nuestros sueños e interrumpir nuestra paz interior, nuestro corazón. No podemos darnos el lujo de perder el tiempo peleando cada batallita insignificante y quitando nuestra mirada de la meta, del sueño a realizar. Hay que seguir hacia adelante, siempre. 

Si ves a un triunfador, comprobarás que es una persona que se ha levantado tantas veces como se ha caído, ¡y sigue de pie! ¿Qué importa que te hayas caído, qué estés desanimado, que seas ahora desconfiado?  Cuando uno tiene bien claras sus metas y sus valores, es mucho más difícil perder el rumbo.

Por eso siempre hay que pensar, muchas veces en un solo día que, los malos momentos son como el polvo: tú no decides cuando entran, pero sí cuando los barres y sacas fuera.

 Bendiciones, regiomont4na

Han cambiado mucho las cosas por estos rumbos.

Han cambiado mucho las cosas por estos rumbos… hace un año, mi entorno familiar, personal, económico y emocional estaba siendo sacudido con fuerza con muchas pruebas y aflicciones muy difíciles de sobrellevar.  Me alejé de redes sociales, de amistades, de conocidos.  Estaba muy enfocada en lo principal, en lo que me aquejaba y de algún modo, ocultando todo el pesar y la tristeza que estaba experimentando.

Aún venía cargando con los restos del infarto de mi hermano, en el 2011, y el 2012 estuvo lleno de cosas tristes:  mi padre murió, mi hermano pasó por un problema de salud terrible, mi vida romántica se esfumó de golpe, problemas económicos, problemas de salud con mi mamá.  Todo se juntó.

Gracias a Dios que no nos abandona jamás, que en medio de todo conflicto y lucha, permanece ADELANTE DE NOSOTROS, peleando nuestras batallas.  Sin Su fortaleza y Su gracia, todo esto nos hubiera arruinado en todos sentidos.

Depender de Dios es urgente en este tiempo.  Nosotros solos no podremos, tarde o temprano las aguas golpearán nuestra casa y si no está cimentada en la Roca, caerá.

“Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros,  que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados;  perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos; llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos.  2a carta de Pablo a los Corintios 4: 7-10”

Un abrazo a todos, si están en pruebas, confíen en Dios, El nunca falla.

Regiomont4na

Memorias de una Andariega II

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El  último atardecer juntos a la orilla de la playa, frente al vasto mar, después de haber pasado varios días desde que arribaron a Mazatlán, Sinaloa. Felices, pues eran recién casados.

Con su bañador puesto, sentados en los camastros del hotel, teniendo el mar a unos metros y llenándose los pies de húmeda arena.

Ella miraba el mar con una plenitud que la hipnotizaba.  Esa mañana había encontrado más conchitas y caracoles que los anteriores días.

Él no había visto jamás a alguien que disfrutara tanto el pequeño marco visual que juntaba la arena, el mar y el sol.  A sus ojos parecía una niña que exploraba y se regocijaba al sentirla tan suya.

No se parecía en nada a la mujer fuerte y segura de sí misma, que fue valiente mucho tiempo, cuando la adversidad arreciaba y pareciera que la destruiría con un golpe seco.

Cuando sus traspiés le truncaban la felicidad, él aparecía para apoyarla, para darle ánimo y respaldarla.  De la amistad surgió un cariño especial, hasta que ambas personalidades se atrajeron de tal modo, que terminaron frente al altar. Por eso estaban pasando sus momentos más dulces toda esa semana.

Sorpresivamente ella le pidió que le diera esa tarde para estar a solas.

Él pensó que se trataba de alguna especie de broma, pero se asustó cuando ella firme pero amable, le confirmó que quería estar sola unas horas.  No muy de acuerdo, él  la besó y decidió dejarla ahí, en la playa casi vacía. Regresó al cuarto de hotel con muchos pensamientos y dudas del comportamiento de su compañera. Se preguntaba si había dicho algo que hubiera molestado a su mujer.  Aunque ella ya le había dicho que no se trataba de ello, que era un favor especial.

Se quedó observándola ya desde el balcón de la habitación, ahí tan sola, tan frágil con respecto al mar, tan niña. Pero siempre guardado el espacio que  ella le había solicitado.

Ella estaba lista para el reencuentro.

Un tiempo atrás, unos años atrás, cuando su vida era un lío de adversidades, cuando parecía que la soledad del camino ya era insoportable, cuando casi perdía la razón por tantas injusticias, cayó de bruces hundiendo en la arena  sus dedos y preguntándose “¿Dónde estoy?”.

Fue cuando apareció aquél hombre diferente a la mayoría, aquél que le había sonreído y que pareciera que le tenía todas las respuestas necesarias.

Esa tarde tenían una plática distinta. Ahora no tenía preguntas ni llanto ni dudas ni rota su brújula, solo tenía agradecimiento con él.  – ¡Gracias por todo!, le dijo ella.

Sabía que vendrías, porque te enseñé el camino de la gratitud.

Sí, eres el Camino, la Verdad y la Vida.

Ella regresó con tanta dicha con su esposo y con todo el deseo de contarle que una vez más Dios había sido fiel.

 (La Andariega es un personaje que vive en mi y que vive experiencias tan hermosas que las considero dignas de ser contadas).

Retomando el vicio de las letras

Hola a todos, si es que siguen por aquí, esperando alguna novedad de mi parte.

La verdad se me fue un año completo sin escribir, no porque no tuviera qué, sino porque, como algunos lo saben, fue una vorágine de situaciones a nivel personal que me tenían muy atribulada y que, hoy gracias a Dios puedo decir que se van resolviendo.

Estaré escribiendo por aquí, tal vez un poco más a menudo, al menos por semana, no sé exactamente de qué, o cómo, pero ya es una necesidad vaciar el interior en este espacio virtual.

Se les agradece a los que siguen al pendiente, su paciencia y gracias por todo.  Hasta pronto.